Por Pedro Eugenio Sánchez, 10 de marzo de 2026
El desarrollo de la ganadería patagónica siempre estuvo condicionado por un factor central: el agua. La variabilidad climática, las sequías recurrentes y la limitada disponibilidad de pasturas naturales en muchas zonas de Chubut hacen que la producción ganadera dependa fuertemente de los ciclos ambientales. En ese contexto, ampliar las áreas bajo riego para la producción de pasturas y forrajes aparece como una de las herramientas más claras para fortalecer al sector productivo.
Lo interesante es que esta discusión no es nueva. Ya en 1979, el Gobierno del Chubut encargó al Consejo Federal de Inversiones (CFI) un estudio técnico de prefactibilidad para analizar el trasvase de agua desde el río Carrenleufú (Corcovado) hacia la cuenca del río Tecka. El objetivo era aumentar la disponibilidad de agua en sectores más secos del centro-oeste provincial y generar nuevas oportunidades productivas.

El trabajo técnico incluyó relevamientos topográficos, estudios hidrológicos y análisis de alternativas de ingeniería para materializar el trasvase. La idea central consistía en derivar parte del caudal del río Carrenleufú hacia la cuenca del río Tecka, permitiendo incrementar los recursos hídricos disponibles en ese sistema y posteriormente en el del río Genoa.

El informe técnico del CFI de 1979 señalaba que una mayor disponibilidad de agua permitiría desarrollar nuevas áreas de riego en los valles de Tecka y del río Genoa, con impacto productivo en zonas cercanas a Tecka, Gobernador Costa y José de San Martín. En términos concretos, esto implicaba transformar sectores de estepa con fuertes limitaciones hídricas en valles capaces de sostener actividades agropecuarias más intensivas.
Desde la perspectiva ganadera, el impacto potencial de este tipo de obras es significativo. La producción de pasturas bajo riego —como alfalfa, avena y otras especies forrajeras— permite estabilizar la alimentación de la hacienda durante todo el año, aumentar la carga animal por hectárea y reducir la dependencia de la oferta natural de la estepa, cuya productividad suele ser muy variable entre temporadas.
Además, producir forrajes en la propia región permite generar reservas estratégicas para el invierno, como heno, rollos o silaje, reduciendo la necesidad de comprar alimento proveniente de otras zonas del país, algo que suele implicar costos logísticos muy elevados para los productores patagónicos.
Sin embargo, para muchos productores agropecuarios de la provincia, el agua sigue siendo también una fuente de incertidumbre cotidiana. En varias zonas irrigadas, especialmente en valles donde existen canales históricos, la disponibilidad efectiva de agua no siempre es previsible. Problemas de mantenimiento de la infraestructura, variaciones en los caudales o dificultades en la gestión del sistema generan dudas al momento de planificar la siembra de pasturas o realizar inversiones productivas. Cuando el agua no está garantizada, también se vuelve incierta la producción.
En este sentido, el enfoque del estudio técnico[1] de 1979 resulta particularmente interesante porque planteaba una visión de largo plazo: aumentar la disponibilidad del recurso hídrico mediante obras estructurales que permitieran ampliar las áreas de riego y fortalecer la base productiva regional.
El riego no solo mejora la productividad de los establecimientos agropecuarios. Allí donde se desarrollan valles irrigados aparecen nuevas actividades económicas, se generan empleos directos en el campo y se dinamizan servicios vinculados a la producción, el transporte y la maquinaria agrícola.
Un ejemplo claro es lo que ocurre en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCh), donde la producción ganadera vinculada al sistema de riego se ha consolidado como una actividad económica relevante. Solo el sector bovino del VIRCh genera entre 800 y 1000 empleos directos e indirectos, entre producción, servicios, transporte y actividades vinculadas a la cadena de valor.
Este dato permite dimensionar el potencial que tiene el desarrollo de nuevas áreas irrigadas en otras cuencas de la provincia. Replicar experiencias de producción forrajera y ganadera en valles con disponibilidad de agua podría generar nuevas oportunidades económicas en distintas regiones del interior.
Tal vez la enseñanza más importante sea que Chubut ya pensó estas soluciones hace más de cuarenta años. El informe técnico elaborado para el CFI en 1979 demuestra que existió una visión estratégica sobre el uso del agua como motor de desarrollo productivo. Hoy, frente a los desafíos del cambio climático, la necesidad de generar empleo y la búsqueda de diversificación económica, recuperar ese tipo de planificación de largo plazo resulta más necesario que nunca.
La discusión sobre el riego, la infraestructura hídrica y el desarrollo ganadero no debería quedar solo en el plano técnico. Es también una decisión política. Apostar a ampliar las áreas bajo riego, mejorar los sistemas de canales y garantizar previsibilidad en el acceso al agua significa apostar por más producción, más empleo y más desarrollo para el interior de la provincia.
En definitiva, el desafío no es descubrir nuevas ideas, sino retomar y actualizar aquellas que ya fueron pensadas. El informe técnico de 1979 nos recuerda que Chubut tiene proyectos, conocimiento y recursos para avanzar en esa dirección.
La pregunta, más de cuatro décadas después, no es si estas obras son posibles. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a convertirlas en una política de Estado para el desarrollo productivo de Chubut.
[1] Consejo Federal de Inversiones (CFI). (1979). Anteproyecto de trasvase del río Carrenleufú (Corcovado) a la cuenca del río Tecka: estudio de prefactibilidad técnica. Buenos Aires: Consejo Federal de Inversiones / Gobierno de la Provincia del Chubut.