Entrevista exclusiva | Emprendete Rawson
Salir de la caja: Entrevista exclusiva | Emprendete Rawson
La rutina tiene algo curioso. Es como una caja invisible.
No aparece de un día para el otro. La vamos construyendo lentamente: con hábitos, con decisiones pequeñas, con frases que repetimos sin pensar demasiado… “así es la vida”, “esto es lo que toca”, “mejor no arriesgar”. Y sin darnos cuenta, empezamos a vivir dentro de ese espacio que es cómodo… pero también puede volverse sofocante.
La paradoja es fascinante: todos decimos querer libertad, pero muchas veces abrazamos nuestras propias cadenas. Y cuando aparece la idea de salir de esa caja, algo se activa dentro nuestro. El miedo.
Porque salir implica incertidumbre. Implica preguntarnos qué hay del otro lado.
Pero a veces, justamente en esa grieta aparece la oportunidad de crear algo nuevo.
Hay una metáfora que me gusta mucho: la de la langosta. Cada vez que crece, tiene que romper su propio caparazón. Durante un tiempo queda vulnerable, expuesta… pero es la única forma de poder generar uno nuevo y seguir creciendo.
La caja protege, sí.
Pero también limita.
Por eso hoy quiero presentarles a alguien que, en un momento de su vida, decidió escuchar esa incomodidad. Alguien que eligió hacerse una pregunta distinta:
¿Y si mi lugar está en otro lado?
Hoy conversamos con María Presman, médica hematóloga, medicina ortomolecular y fundadora de Plena Salud Integral, un espacio que propone una mirada distinta sobre la medicina: más humana, más preventiva y más integral.
Cuando la vocación nace en casa
—María, ¿cómo aparece la medicina en tu vida?
La realidad es que desde chica siempre quise ser médica. Vengo de una familia de médicos: mi abuelo era pediatra y, aunque murió el año que yo nací, siempre había historias sobre él. Era una presencia constante.
Mi papá era psiquiatra y hasta los diez años vivimos en la misma casa donde estaba su consultorio. Entrábamos por ahí, veía pacientes, escuchaba conversaciones. Los fines de semana jugaba a ser médica con mis primos y sabía para qué servía cada instrumento.
Nunca lo dudé demasiado.
Acompañaba a mi papá a ver pacientes, incluso cuando hacía guardias en el hospital psiquiátrico. Creo que lo que más aprendí de él no fue solo la medicina, sino la forma de tratar a las personas.
Recuerdo algo que siempre me marcó: a mi papá no le gustaba el agua fría, pero si en una casa le ofrecían un vaso con hielo, lo tomaba igual. No era por el agua. Era por aceptar el gesto del paciente, por integrarse, por respetar el vínculo.
Ahí entendí algo muy profundo: la medicina también es humanidad.
El momento en que la profesión te atraviesa
—Ser médica también implica convivir con el dolor. ¿Cómo se aprende a sostener eso?
Creo que uno nunca se vuelve inmune. Aprendí que no siempre voy a tener todas las respuestas, pero acompañar también es una forma de respuesta.
Hace poco vino una paciente que me recordó un caso muy difícil: una mujer joven, con una enfermedad muy agresiva, que había sido mamá hacía poco tiempo. Tenía un bebé muy chiquito y otros hijos.
Intenté acompañar todo lo que pude, pero no siempre se logra el final que uno desea.
Ese tipo de situaciones te atraviesan. Y cuando sos mujer, madre, profesional… todo se mezcla.
Pero también aparece otra pregunta:
si uno decide no involucrarse, ¿quién lo hace?
Entonces elegís hacer lo que está a tu alcance. No resignarte, sino hacer lo posible.
El hospital como escuela humana
—Gran parte de tu carrera se formó en el hospital público. ¿Qué te dejó esa etapa?
Muchísimo.
Hice la primaria, la secundaria y la universidad pública. El hospital fue mi primer contacto fuerte con la medicina real.
Era un lugar con poca complejidad tecnológica, pero que te obligaba a tomar decisiones sola. Eso te da una fortaleza enorme.
También recuerdo que hacíamos cosas con los pacientes más allá de lo médico. Cuando teníamos un rato, les cortábamos el pelo, los afeitábamos. Teníamos un pequeño kit para eso.
No era una obligación. Era una elección.
En el hospital te pagan un sueldo. Y vos decidís si hacés lo mínimo o si hacés todo lo que podés.
Yo siempre elegí lo segundo.
Cuando el sistema deja de representar tus valores
—Sin embargo, en algún momento decidiste irte del hospital.
Sí. Y fue una decisión difícil.
Nunca tuve conflictos con colegas ni con pacientes. Pero sí con las estructuras superiores. Había algo que no estaba bien gestionado.
Durante años sentí que estaba para determinadas cosas… pero para otras no.
Llegaba fin de año, había reuniones de equipo, y yo no estaba invitada. Eso me dolía muchísimo. Porque yo sabía todo lo que estaba dando.
Finalmente hubo una situación muy violenta a nivel institucional. Empecé a sentirme mal físicamente.
Y ahí tomé una decisión muy clara: yo no voy a quedarme en un lugar donde la paso mal.
Presenté la renuncia. Y cuando la aceptaron sentí un alivio enorme.
Emprender sin haberlo planeado
—¿En ese momento ya sabías que ibas a crear algo propio?
No. Para nada.
Yo siempre trabajé con otros profesionales, en centros médicos ya armados. Veía cosas que no me gustaban, pero no tenía poder para cambiarlas.
Hasta que un día entendí algo simple, pero profundo:
si no podés cambiar el sistema, tenés que cambiar vos.
Entonces empecé a irme de lugares donde no me sentía alineada.
Primero uno.
Después otro.
Después otro más.
Y sin darme cuenta, terminé creando algo propio.
Plena Salud Integral: medicina con otra mirada
—¿Cómo funciona hoy Plena Salud Integral?
Hoy sigo dedicando una parte importante del tiempo a la hematología. Es una especialidad con mucha demanda y llevo casi veinte años ejerciéndola.
Pero también recuperé algo que siempre me interesó: la medicina preventiva e integrativa.
Ahí es donde aparece la otra parte de mi trabajo.
Muchos pacientes llegan con síntomas dispersos: cansancio, malestar, problemas digestivos, estrés. Cosas que no siempre encajan en una especialidad puntual.
Entonces el trabajo es ordenar ese rompecabezas.
Es casi como ser un detective.
Les pido que reconstruyan su historia: qué pasó en su infancia, qué momentos marcaron su vida, cuándo empezaron ciertos síntomas.
A veces aparecen conexiones que nunca habían visto.
La medicina integrativa no busca solo tratar la enfermedad. Busca entender el sistema completo de la persona.
La salud como responsabilidad compartida
—En tu enfoque aparece mucho la idea de responsabilidad personal en la salud.
Sí. Porque la salud no es solo no estar enfermo.
Tiene que ver con el ambiente, con la alimentación, con el estrés, con la actividad física, con el entorno social.
Muchas veces creemos que la salud es algo que alguien nos tiene que dar. Pero en realidad es un trabajo conjunto.
Si alguien no se cuida en nada y toma diez medicamentos para compensarlo, algo no está funcionando.
No digo que todo dependa de uno. Pero sí hay una parte de responsabilidad personal que es fundamental.
La prevención es clave.
Vivir de manera sustentable
—También hablás mucho de sustentabilidad.
Porque la salud no se separa de cómo vivimos.
Tiene que ver con lo que comemos, con lo que compramos, con cómo consumimos, con el tiempo que dedicamos a ordenar la casa o a caminar al aire libre.
Hoy trato de preguntarme más seguido:
¿Realmente necesito esto?
Si tenés menos cosas, limpiás menos, ordenás menos… y quizás tenés más tiempo para salir a caminar, respirar aire libre o compartir con alguien.
Todo eso también es salud.
Romper la caja
La historia de María Presman no es solo la historia de una médica.
Es la historia de alguien que decidió escuchar esa incomodidad que aparece cuando la vida empieza a quedar chica.
Esa sensación que muchos conocen: la de estar haciendo todo bien… pero sentir que algo no encaja.
Romper la caja nunca es cómodo.
Nunca es seguro.
Pero a veces, como la langosta que rompe su caparazón para crecer, es la única forma de seguir evolucionando.