¿Quién quiero ser mientras camino hacia el éxito?
Hay una idea que circula mucho en el mundo emprendedor: la del “5%”. Ese pequeño grupo del que habla Jonathan Loidi, el de quienes construyen la realidad mientras el resto —el 95%— vive dentro de estructuras ya dadas.
Ser parte de ese 5% suena atractivo. Diferente. Poderoso.
Ser líder. Ser disruptivo. Pensar distinto. Crear en lugar de adaptarse.
Pero hay algo que no siempre se dice.
Ser parte de ese 5% también implica incomodidad. Implica, muchas veces, soledad.
Porque no ser conformista tiene un costo. Y ese costo no es solo económico, ni siquiera es solo profesional. Es profundamente emocional. Es vincular.
Es empezar a habitar espacios donde ya no encajás del todo. Donde tus decisiones no siempre son comprendidas. Donde tus tiempos no coinciden con los de otros. Donde el camino que elegís no tiene validación inmediata.
Y entonces aparece una pregunta más importante que el éxito en sí:
¿Quién quiero ser mientras construyo eso que deseo?
La fantasía del emprendedor solitario
Existe una narrativa bastante instalada: la del emprendedor que lo deja todo, que se sacrifica, que se aísla, que “paga el precio” y llega.
Pero hay algo en esa historia que, al menos a mí, me hace ruido.
Porque si bien es cierto que construir algo propio implica renuncias, también es cierto que no todo debería sacrificarse en nombre del éxito.
De hecho, muchas veces, el verdadero riesgo no es fracasar en el negocio… sino triunfar en un camino que te deja solo.
Te lo retrato más adelante, desde mi experiencia personal.
La incomodidad de ser distinto
Hay un fenómeno muy humano: tendemos a rodearnos de personas que piensan parecido a nosotros. Nos da seguridad. Nos valida. Nos ordena.
Pero cuando empezás a pensar distinto, cuando cuestionás, cuando decidís salir de lo esperado, esa comodidad se rompe.
Y ahí aparece la tensión.
Porque construir una vida distinta implica, inevitablemente, vincularse distinto.
Por eso es tan importante construir comunidad con otros que también estén en ese camino. No desde la competencia, sino desde la comprensión. Desde saber que el otro también está lidiando con las mismas preguntas incómodas.
Porque sí: son pocos.
Pero no tienen por qué estar solos.
“NO TE METAS CON LA PASIÓN DE UNA PERSONA”
Para quienes estamos en el camino del 5%, normalmente nos quedamos solos porque ¿Quién te banca trabajando tantas horas? ¿Quién te banca con tu adicción al trabajo?...
Y entonces durante años se creyó que una familia se componía con: “un hombre apasionado creador de negocios” y una mujer que sostiene y baila al ritmo de ese hombre. O que incluso se queja o le exige que esté más presente.
Hoy podríamos decir, que la visión cambió e incluso se invirtió en más de un caso.
Ahora bien, lo que veo raro es que 2 personas que elijan este camino de construcción profesional sean pareja, se elijan y puedan sostenerlo.
Te cuento mi historia:
Yo me casé a los 22 años. Con un hombre que, como yo, quería construir algo distinto. Un camino del 5%.
Eso implicó decisiones fuertes.
Dejé mi carrera de Psicología a mitad de camino. Fui madre a los 25 mientras estudiaba otra carrera que termine embarazada de nuestro segundo hijo. Apostamos a un proyecto en conjunto, sabiendo que en algunos momentos uno iba a empujar más que el otro.
Durante años, lo acompañé en su crecimiento profesional. Viajes, capacitaciones, ausencias, sostener la casa, los hijos, incluso estando embarazada. Muchos podrían leer esta parte desde un lugar de postergación. Pero hasta acá te conté mi parte, donde estudiaba, hacía de ama de casa y trabajaba relativamente poco (esto último me peso muchísimo pero lo manejé sabiendo que era solo una etapa). Del otro lado, estaba la presión de conseguir sus objetivos antes de que se termine el tiempo. Estaba el cuidar a la familia, y trabajar el doble para cumplir con lo que la familia necesitaba y lo que él quería lograr antes de que “se termine el tiempo”.
Verán, tener una mujer que empuja por tus intereses puede ser peor que tener un accionista que invirtió dinero en tu negocio. No solo invierte en él, sino que tiene absoluto conocimiento de los resultados esperados y las estrategias involucradas para conseguirlo.
Hubo mucha negociación.
Hubo acuerdo.
Porque sabíamos que era una inversión como equipo. Y las decisiones se tomaban en conjunto.
Una vez avanzados sobre los objetivos de él, mi carrera empezó a despegar… Y llego la hora de renegociar los terminos y condiciones de nuestros roles como padre - madre, pareja, cabezas de familia (vemos la familia como una empresa).
Y entonces hicimos algo que muchas parejas evitan: hablar de lo incómodo.
Repartir.
Reorganizar.
Redefinir roles.
Contratar ayuda. Delegar. Ceder espacios. Perder horas de sueño. Trabajar de más. Sostener menos de lo ideal en algunos momentos.
¿Y sabés qué pasó?
Él me cubrió.
Se convirtió en fotógrafo en mis eventos, en locutor, en sostén, en mamá y papá cuando yo no estaba. Así como yo lo había sido antes.
Nos empujamos mutuamente. Y más de una vez fue ese inversor diciéndome: SIN MIEDO ANDÁ PARA ADELANTE PORQUE ESTAMOS INVIRTIENDO MUCHO EN VOS. Con un poco de amor y otro poco de “toda la familia se está esforzando para que lo logres”.
Y eso también es construir.
El éxito no es solo profesional
La vida del emprendedor no tiene por qué ser solitaria.
Pero tampoco es ingenua.
Implica hacerse preguntas incómodas. Preguntas que nadie quiere responder porque no tienen una única respuesta correcta:
¿Quién quiero ser como pareja? ¿Qué estoy dispuesta a darle a esta pareja?
¿Quién quiero ser como madre o padre? ¿Qué prioridades tengo para con mis hijos? ¿Cuándo quiero estar para ellos? ¿Qué quiero darles?
¿Quién quiero ser como amigo?
¿Quién quiero ser como profesional?
¿Quién quiero ser como hijo?
Y después de responderlas, viene lo más difícil:
Traducir eso en agenda.
Porque no alcanza con la intención.
Hay que elegir.
Hay que priorizar.
Hay que aceptar que algo siempre queda afuera.
Sí, tal vez te pierdas un acto del jardín.
Pero, ¿qué sí vas a estar dispuesto a sostener con presencia real? ¿Ese día que estés, qué vas a hacer con él/ella?
Romper otro mito: el amor no alcanza
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El amor es necesario, pero no suficiente.
Una pareja que quiere crecer necesita algo más: necesita proyecto compartido. Necesita acuerdos reales. Necesita revisar, ajustar, volver a elegir.
Necesita preguntarse, una y otra vez:
¿Nuestros futuros siguen siendo compatibles? Porque no siempre es así, a veces las parejas nos acompañamos en algunos momentos. Hay parejas que son geniales en épocas de crisis pero se aburren en épocas de paz.
Entonces… ¿Quién querés ser?
Porque el éxito no es solo llegar.
Es cómo llegás.
Con quién.
A costa de qué.
Y, sobre todo, siendo quién en el proceso.
Podés construir un gran negocio…
y perderte a vos en el camino.
O podés construir una vida que, además de crecer, tenga sentido.
La diferencia no está en el resultado.
Está en las decisiones pequeñas, incómodas y profundamente humanas que tomás todos los días.